CÓMO EL YOGA CAMBIÓ MI VIDA

Hace algunos años, tomé la decisión de mudarme de país, y radicarme en México para estudiar una maestría en marketing digital. A los pocos días de llegar, tuve la fortuna de conseguir un trabajo genial con gente maravillosa.

Me sentía feliz, imbatible, orgulloso de mis logros; pero con esa emoción, conforme pasó el tiempo, empezaron a llegar las responsabilidades, tareas, viajes; y mi tiempo cada vez se fue reduciendo más. Y junto con mi tiempo, mi energía y ánimo, fueron superados por  el cansancio y el estrés; estaba agotado, el pcoo tiempo que me quedaba libre lo dedicaba a dormir, mientras mis amigos salían a disfrutar.

Llegué a un punto en que sentí que mi cuerpo empezaba a colapsar, tanto física como emocionalmente; empecé a ir al gimnasio, me ayudó a ganar energía, pero mi cansancio emocional seguía ahí. Justo al frente del gimnasio había un pequeño estudio de Yoga; lo vi un par de veces pero la verdad no me interesaba entrar, siempre había visto al yoga como una cosa de hippies. 

Un día, fui al gimnasio y estaba cerrado; no sé qué me pasó (quizás la curiosidad me ganó) pero decidí entrar al estudio de Yoga y tomar una clase. Fue raro, diferente, incómodo… pero extrañamente interesante. El Yoga no era lo que pensaba; requería concentración y que conectara mi mente con el cuerpo para lograr las posiciones y sentir el efecto real de la clase. Definitivamente no estaba preparado para eso, y mucho menos sabía cómo hacerlo.

Decidí darle una oportunidad y me inscribí un mes. Fui impulsivo y pagué porque si no lo hacía, seguro no iba a volver.

Para fotos Blog¿Qué les puedo decir? Años después, estoy completamente convencido de los beneficios de esta práctica, he tomado dos profesorados, y soy dueño, junto a mi socio Pablo, de un maravilloso estudio de Yoga en Quito.

Pero además, sigo trabajando en marketing, tengo la misma presión y el mismo estrés que antes, pero ahora sé como encontrar un equilibrio, cómo respirar en momentos de tensión; mi cuerpo ha cambiado, mi flexibilidad ha mejorado, el dolor que tuve durante mucho tiempo en la rodilla desapareció, pero sobre todo, mi estado de ánimo y mi control de las emociones ha dado un giro de 360 grados.

No quiero decir que ahora soy perfecto, que soy un maestro de esta práctica y que ando repartiendo paz y amor a todos (esa para mi es una idea falsa de un practicante de yoga), sino que ahora conozco mucho más mi cuerpo, mi mente, y he aprendido a equilibrar mejor mi vida y el mundo que me rodea.

Así que para quién esté leyendo esto, te digo: date la oportunidad de probar nuevas cosas, rompe tus estereotipos y practica Yoga (al menos un par de veces para empezar); puede que, al final, no sea para ti (y está bien si es así), pero puede que dándole esa oportunidad, termines descubriendo una práctica maravillosa que, al igual que a mí, a ti también te cambie la vida.

Por Juan Carlos Aguilera
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